De camino al Everest

Hoy he leído de refilón la cantidad de cadáveres que acompañan la subida a la cima más famosa del mundo. Hacer cumbre en el Everest incluye pasar junto a los restos de más de 200 personas, 150 de las cuales ni siquiera están localizadas. No es que se estén recogiendo todos esos cadáveres, es que están empezando a aparecer. Gracias a las alturas brutales a las que está el Himalaya, el frío mantiene los restos relativamente bien conservados. Y hasta que son sepultados por la nieve, visibles en la misma pose.

De hecho, algunos de estos cuerpos se han convertido en puntos de referencia a la hora de hacer la ascensión, porque resultan muy visibles y fáciles de identificar. Incluso, se les han puesto apodos, como a “Botas verdes” y “El saludador”. Botas verdes está en una oquedad, una especie de cueva alargada junto a la que pasa una de las líneas de anclaje que todo el mundo sigue. Centenares de personas pasan cada año a su lado. Más que en muchos cementerios.

Aunque ya era famoso en el mundo del alpinismo desde su muerte en 1996, fue 10 años más tarde cuando se hizo conocido a nivel mundial, porque fue en su cueva donde murió David Sharp. Un montañista de 34 años que estaba en su tercer intento de ascender el Everest. Sharp fue mal preparado y sin oxígeno suficiente, pero consiguió alcanzar los 8500 metros de altitud. Mucha gente ha caído muchísimo antes estando más preparada que él. Cuando se sentó a descansar junto a Green Boots, no lo sabía todavía, pero ya era un cadáver más en la ladera.

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Más de 40 alpinistas pasaron a su lado sin ayudarle, pensando que estaba descansando o muerto. Cuando alguien se paró a su lado, apenas era capaz de hablar. Sobrevivir es suficientemente difícil como para tratar de cargar con alguien en esas condiciones, así que le abandonaron. A esas altitudes, la única manera de intentar un rescate es subir a pie. Hacen falta días de aclimatación, hacer subidas para dejar equipo, organización… En definitiva, tiempo. Por eso es muy raro recuperar los cuerpos y muchos acaban sepultados por la nieve, normalmente por las avalanchas, que les ocultaban… Hasta ahora. Debido al aumento de temperatura, algunos de los cuerpos desaparecidos están resurgiendo de debajo de la nieve.

Cada temporada, los alpinistas hacen un recuento mayor de cadáveres visibles que la anterior. El mismo calor que derrite los glaciares está descubriendo los restos mortales de decenas de personas que se quedaron por el camino. David Sharp estaba convencido de que podía hacer cima y volver. Green Boots también. Los 200 cadáveres que pueblan la subida al Everest fueron en su momento personas motivadas, decididas y convencidas de que llegarían a coronar la cima del mundo.

Hoy son puntos de referencia en el mejor de los casos. Algunos son incluso más célebres que la mayoría de gente que ha hecho cima y vuelto para contarlo. A veces, estar motivados y convencidos de que podemos con todo nos lleva a pensar que podemos subir el Everest, aunque no estemos preparados o capacitados para hacerlo. Y no pasa nada por relajarse, darse cuenta de que no puedes y que quizá haya que dar media vuelta.

Fuente: agujero.net

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